Los castells catalanes

Los castellers de CataluñaLos castells, considerados por la UNESCO patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, son una de las tradiciones más ancestrales de la costa mediterránea, que además encuentra en nuestros días en plena expansión

Las torres humanas

Un castell, que significa ‘castillo’ en catalán, hace referencia a una torre formada por seres humanos, de numerosos pisos de altura. Se trata de una de las tradiciones más arraigadas de una parte del litoral mediterráneo de España, en particular en Cataluña y la comunidad Valenciana, especialmente en la comarca de la Ribera Alta y en la provincia de Tarragona, donde se encuentran referencias a los mismos desde el siglo XVIII. Aunque en principio fue una tradición local, con el paso del tiempo se ha ido extendiendo por el resto de la zona, en primer lugar al Penedés, y ya durante el siglo XX, en especial a partir de la década de los 80, al resto de Cataluña, a las Islas Baleares y al Rosellón en Francia. Fuertemente vinculado a los festejos populares, esta expresión popular, que se ha hecho conocida por todo el planeta por su espectacularidad y peligrosidad, es desde el año 2010 considerada por la UNESCO como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.

Para realizar un castell, participa un gran número de personas, mujeres y hombres de todas las edades y con diferentes complexiones, que unos sobre otros van formando una torre cada vez más y más alta. Este grupo, conocido como colla de castellers, entrena durante buena parte del año, para participar en actuaciones y concursos. Además, a la hora de formar la pinya, es decir, la base de la torre, ayudan familiares, amigos e incluso espectadores, que de esta manera, además de contemplar, pasan a formar parte de la colla de castellers con una participación activa.

El origen de los Castells

Aunque las primeras menciones a los castells aparecen en el siglo XVIII, su origen parece ser aun más antiguo. Diferentes expertos aseguran que estas torres humanas nacieron con el ‘Baile de los Valencianos’, que se realizaban junto a las procesiones. Estos bailes solían terminar con una construcción humana, que poco a poco fue volviéndose más importante e independizándose del propio baile. Aunque puede que sean bastante más antiguos, ya que son de origen pagano, estas manifestaciones culturales están documentadas en Valencia desde el siglo XV, donde se llamaba moisiganga. Por su parte, en Cataluña se dejaron a un lado los bailes y se centraron en realizar torres cada vez más altas y bellas. Poco a poco, la práctica se popularizó por toda la región.

Buena salud de los Castells

La popularidad y calidad de los Castells han pasado por diferentes épocas a lo largo de su larga historia. Mientras el siglo XVIII fue el de su aparición, durante el XIX el fenómeno se fue expandiendo a más y más localidades, y su fama no paraba de crecer. Además, la competencia entre las diferentes collas hizo que las construcciones fueran ganando en dificultad y originalidad con el paso de los años. Sin embargo, a finales de este siglo y a principios del XX, hubo una gran decadencia, en la que desparecieron muchos grupos. A partir de los años 30 los Castells recuperaron su vigor, y en las últimas décadas han entrado en una nueva edad de oro.

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